Riesgos del trabajo nocturno

Tú eliges, por supuesto, pero si repasamos las secuelas que el trabajo nocturno tiene para nuestro organismo la decisión será fácil.

¿Consideras que no tienes un horario normal? Para empezar habría que precisar qué se entiende por «normal». Casi todos consideramos como tal el que implica una jornada laboral de ocho horas, con una pausa para la comida, y que suele oscilar entre las 7-9 y las 18-19 horas. Fuera de aquí, se habla de turnos cuando el trabajo es desarrollado por distintos grupos sucesivos, cumpliendo cada uno de ellos una jornada laboral de manera que se abarca un total de 24 horas de trabajo diarias, incurriendo por tanto en horarios nocturnos.

Trabajo nocturno

Trabajo nocturno

El trabajar de una forma u otra dependerá de la forma de organización establecida en tu empresa que básicamente corresponderá a una de estas tres alternativas:

  • Sistema discontinuo: el trabajo se interrumpe normalmente por la noche y el fin de semana. Supone, un par de turnos, uno de mañana y uno de tarde.
  • Sistema semi-continuo: la interrupción es semanal. Abarca tres turnos, mañana, tarde y noche, con descanso los domingos.
  • Sistema continuo: el trabajo se realiza de forma ininterrumpida cubriendo las 24 horas del día todos los días de la semana. Supone más de tres turnos incluyendo, por tanto, el trabajo nocturno.

Pero, ¿qué se entiende por trabajo nocturno?

El horario nocturno es aquel que abarca total o parcialmente entre las 22 horas y las 6 del siguiente día. Esta consideración lleva aparejada algunas peculiaridades como la limitación de jornada a ocho horas o la prohibición de horas extras, para el trabajador que tiene la consideración de nocturno, es decir, aquel que realiza al menos tres horas en horario nocturno, según establece el artículo 36.3 del Estatuto de los Trabajadores .

¿Es éste tu caso? No creas que eres uno de los pocos desafortunados que se ven en esta situación. Aunque te sorprenda, las cifras son contundentes. Entre el 20 y 30% de los trabajadores del mundo realizan trabajo nocturno y lo que es más, el 40% (25% varones y 15% de mujeres) de los trabajadores trabajan rotando sus turnos entre el día y la noche.

Concretamente, en España unas 2.800.000 de personas realizan labores nocturnas y esta cifra continúa ampliándose más y más. La actividad 24 horas se extiende a sectores, en los que se aluden razones técnicas, cuando en realidad en la mayoría de los casos se están encubriendo motivos económicos.

Pero, ¿quién paga este ritmo de trabajo? Sin intentar hacer demagogia fácil, podemos afirmar que diversos estudios científicos han demostrado los efectos perjudiciales que para el organismo supone este ritmo de trabajo.

Los problemas surgen tras cinco o diez años de trabajar por la noche. Aparecerán diversos síntomas asociados a un desajuste de los ritmos de vigilia y sueño que tendrá diversas manifestaciones:

  • Trastornos de sueño.
  • Trastornos nerviosos: abatimiento, irritabilidad…
  • Trastornos digestivos: pérdida de apetito y trastornos alimenticios.
  • Envejecimiento prematuro: Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por cada quince años de actividad nocturna se envejecen prematuramente cinco.
  • Alteraciones de la vida social y aumento de los problemas familiares, hasta el punto de que el índice de divorcios se multiplica por tres en estos trabajadores.

Estos trastornos consecuencia de los horarios nocturnos de trabajo, se considera que son consecuencia de la interacción de dos factores:

1. Los factores circadianos: Éstos no pueden ajustarse instantáneamente a los cambios que implican los turnos de noche. Nuestro cuerpo sigue un ciclo de 24 horas, que regula muchas funciones (actividad cerebral, respiración, temperatura, hormonas,…). Estos ritmos biológicos se llaman ritmos circadianos y coinciden con los ciclos de vigilia y sueño. Al cambiar dichos ciclos nuestro reloj interno se desequilibra, aunque volverá a la normalidad al regresar a un horario normal.

2. El factor sueño: Se estima que los trabajadores nocturnos duermen entre 5 y 7 horas menos que el resto. Aunque se puedan recuperar parcialmente durante los días de descanso, se considera que se encuentran en un estado crónico de privación de sueño.

Durante las horas de sueño se suceden distintas fases de sueño, mientras que con algunas de ellas se consigue la recuperación de la fatiga física (sueño profundo), en otras, que aparecen en las últimas horas de sueño, se logra la recuperación de la fatiga mental (sueño paradójico).

Para conseguir recuperarse de la fatiga diaria es necesario que se den las distintas fases del sueño, para lo que se necesita dormir en torno a siete horas. Al dormir de día y menos horas el organismo es incapaz de recuperarse, por lo que se va acumulando la fatiga hasta aparecer la denominada fatiga crónica, que produce alteraciones de tipo nervioso (dolor de cabeza, irritabilidad, depresión, temblor de manos, etc.), enfermedades digestivas (náuseas, falta de apetito, gastritis, etc.) y del aparato circulatorio.

En cualquier caso, no todos los trabajadores se adaptan igual a estas circunstancias. Por ejemplo a partir de los 45 años se desaconseja esta actividad porque la adaptación es peor.

Aunque no existen soluciones instantáneas para eliminar los efectos ocasionados por los cambios de horarios o por los trabajos nocturnos, lo recomendable es adquirir buenos hábitos y llevar una vida sana, además de seguir una serie de consejos para contrarrestar los efectos generados por los horarios de trabajo:

  • Realizar alguna técnica de relajación, ejercicios de yoga.
  • Evitar el alcohol y las drogas para conciliar el sueño.
  • Comer de forma equilibrada. Piensa que las comidas tienen gran influencia en los niveles de energía y en la capacidad de recuperación de las personas. Por ello, es recomendable comer en pequeñas cantidades, varias veces al día.
  • Si te sientes muy fatigado, consulta a tu médico la posibilidad de tomar algún suplemento dietético.

Pero, además de las secuelas físicas que sufre el trabajador, aparece una circunstancia con repercusiones económicas: menor rendimiento en el trabajo nocturno, especialmente entre las 3 y las 6 de la madrugada, momento en el que la capacidad de atención y la rapidez y precisión de los movimientos se reduce considerablemente. Sin embargo, esto no parece preocupar demasiado a las empresas que han apostado por esta forma de trabajo.

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