¿Alguna vez te has preguntado por qué en tu empresa se valora más la productividad inmediata que el bienestar de las personas? No es casualidad ni mala fe de tu jefe: es el resultado de siglos de pensamiento económico que han moldeado cómo entendemos el trabajo. Según datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social de 2023, el 68% de los profesionales españoles sienten que su organización prioriza los resultados financieros sobre su desarrollo personal.
Este artículo te llevará por un viaje fascinante desde Adam Smith hasta las propuestas más innovadoras de economía colaborativa, explorando cómo las ideas económicas han configurado —y siguen configurando— tu día a día laboral. Aprenderás a identificar qué corriente económica domina tu organización y, lo más importante, cómo impulsar modelos más humanos y justos desde tu posición en recursos humanos.
¿Qué es el pensamiento económico y por qué importa en RRHH?
El pensamiento económico es el conjunto de teorías, ideas y paradigmas que han intentado explicar cómo las sociedades producen, distribuyen y consumen recursos. Pero ojo: no es solo cosa de economistas encerrados en torres de marfil. Cada vez que tu empresa decide si invertir en formación o reducir costes laborales, cada vez que se debate el teletrabajo o la jornada de cuatro días, están operando distintas concepciones económicas, aunque nadie lo mencione explícitamente.
Desde mi experiencia de quince años trabajando en departamentos de personas, he observado cómo las filosofías económicas subyacentes determinan todo: desde los sistemas de evaluación del desempeño hasta la arquitectura de las oficinas. Y aquí viene lo interesante: muchas organizaciones españolas operan con modelos mentales económicos del siglo XIX sin siquiera saberlo.
La relevancia actual del debate económico
En 2024, mientras escribo esto, España atraviesa debates cruciales sobre la reducción de jornada laboral, la regulación de la economía de plataformas y la brecha salarial de género. Todos estos temas son, en el fondo, debates sobre pensamiento económico. ¿Crees que el valor se genera únicamente mediante el trabajo asalariado? ¿O reconoces el valor de los cuidados, el trabajo comunitario y la reproducción social? Tu respuesta revela tu marco económico.

De la mano invisible a la economía del bien común: un recorrido histórico
El pensamiento clásico: cuando el trabajo era una mercancía más
Adam Smith, David Ricardo y sus contemporáneos de finales del siglo XVIII desarrollaron las bases del pensamiento económico clásico. Smith popularizó la idea de la «mano invisible» del mercado: si cada quien persigue su propio interés, el resultado colectivo será óptimo. Suena bien, ¿verdad? El problema es que este modelo considera el trabajo humano como una mercancía más, sujeta a las leyes de oferta y demanda.
¿Qué significa esto en tu empresa? Significa ver a las personas como «recursos» intercambiables, cuyo valor se mide exclusivamente por su productividad inmediata. Es la lógica que justifica despidos masivos cuando «lo requiere el mercado», sin considerar el impacto humano y social.
La crítica marxista y el valor del trabajo
Karl Marx, en pleno siglo XIX, desarrolló una crítica demoledora a este sistema. Su teoría del valor-trabajo sostenía que el valor de cualquier mercancía proviene del trabajo humano invertido en ella, y que el sistema capitalista se basa en la apropiación de ese valor (la famosa «plusvalía») por parte de quienes controlan los medios de producción.
Más allá de posiciones ideológicas, Marx puso el dedo en una llaga que sigue abierta: la alienación laboral. Cuando las personas no controlan su proceso de trabajo ni el fruto de su esfuerzo, se produce un distanciamiento profundo entre el trabajador y su actividad. ¿Te suena familiar esa sensación de hacer tareas sin sentido en tu organización? Eso es alienación, y tiene raíces en modelos económicos concretos.
Keynes y la humanización (relativa) del capitalismo
John Maynard Keynes, tras la Gran Depresión de 1929, revolucionó el pensamiento económico al argumentar que los mercados no se autorregulan mágicamente. Se necesita intervención estatal para garantizar empleo, demanda agregada y estabilidad. El keynesianismo dio lugar al Estado del Bienestar europeo y a derechos laborales que hoy consideramos básicos.
En España, aunque tardíamente, estas ideas inspiraron la Constitución de 1978 y el desarrollo de nuestro sistema de seguridad social. Sin embargo, desde la crisis de 2008, hemos asistido a un retroceso considerable en estos principios, con la imposición de políticas de austeridad que han precarizado el empleo y debilitado las protecciones laborales.
Corrientes contemporáneas: del neoliberalismo a la economía feminista
El giro neoliberal y sus consecuencias laborales
Desde los años 80, el neoliberalismo ha dominado el pensamiento económico global. Friedrich Hayek y Milton Friedman defendieron la desregulación, la privatización y la mínima intervención estatal. Su mantra: el mercado lo resuelve todo mejor que cualquier planificación.
Las consecuencias para el mundo del trabajo han sido profundas. En España, las sucesivas reformas laborales (especialmente la de 2012, parcialmente revertida en 2022) reflejan esta lógica: flexibilización del empleo, facilitación del despido, debilitamiento de la negociación colectiva. Detrás del eufemismo «flexibilidad» se esconde, frecuentemente, precariedad estructural.
Un ejemplo concreto: el auge de los contratos temporales en nuestro país. Según datos de Eurostat de 2023, España mantenía una tasa de temporalidad del 26%, casi el doble de la media europea. Esto no es un accidente histórico, sino el resultado de políticas económicas que priorizan la «competitividad empresarial» sobre la estabilidad y dignidad de las personas trabajadoras.
Economía feminista: visibilizar lo invisible
Una de las aportaciones más revolucionarias al pensamiento económico contemporáneo proviene del feminismo. Economistas como Amaia Pérez Orozco o Cristina Carrasco en España, han demostrado que el sistema económico solo funciona gracias a una enorme cantidad de trabajo de cuidados no remunerado, realizado mayoritariamente por mujeres.
¿Qué tiene esto que ver con recursos humanos? Todo. Cuando diseñamos políticas de conciliación, cuando establecemos horarios, cuando decidimos quién puede teletrabajar, estamos tomando decisiones económicas que reconocen —o invisibilizan— la economía de los cuidados. Las organizaciones progresistas deben preguntarse: ¿nuestros modelos laborales asumen que existe alguien en casa cuidando? ¿O reconocemos que todas las personas tienen responsabilidades de cuidado?
Economía del bien común y economía colaborativa
Frente al modelo neoliberal, han surgido propuestas alternativas como la Economía del Bien Común, desarrollada por Christian Felber, que propone medir el éxito empresarial no solo por beneficios económicos sino por su contribución al bienestar social y ambiental.
En España, más de 500 empresas ya utilizan el Balance del Bien Común, una herramienta que evalúa aspectos como la dignidad humana, la solidaridad, la justicia social y la sostenibilidad ecológica. Para profesionales de RRHH, esto supone un cambio de paradigma: pasar de gestionar «recursos humanos» a facilitar el florecimiento humano dentro de las organizaciones.

Señales de alerta: ¿qué pensamiento económico domina tu organización?
Después de años trabajando con organizaciones diversas, he identificado algunas señales que revelan qué modelo económico opera (consciente o inconscientemente) en cada empresa. Reconocerlas es el primer paso para transformarlas.
Indicadores de un modelo neoliberal extremo
- Individualización extrema del rendimiento: Todo se mide a nivel individual, sin reconocer el trabajo en equipo o las contribuciones colectivas.
- Precariedad estructural: Uso sistemático de contratos temporales, externalización de servicios, falsos autónomos.
- Discurso de la empleabilidad: Se responsabiliza exclusivamente al trabajador de su «adaptabilidad al mercado», sin reconocer responsabilidades empresariales o sistémicas.
- Cultura del presentismo: Se valora estar físicamente presente largas horas más que los resultados o el bienestar.
- Ausencia de participación: Las decisiones importantes se toman verticalmente, sin espacios reales de deliberación colectiva.
Señales de modelos más humanistas
- Métricas multidimensionales: Se evalúa no solo la productividad sino el bienestar, el desarrollo personal, la contribución social.
- Estabilidad como valor: Se prioriza la continuidad de las relaciones laborales y el compromiso mutuo.
- Transparencia salarial: Existen criterios claros y compartidos sobre retribución, reduciendo arbitrariedades.
- Espacios de democracia económica: Los trabajadores participan en decisiones sobre organización del trabajo, distribución de beneficios, estrategia empresarial.
- Reconocimiento de la vida fuera del trabajo: Políticas efectivas de conciliación, respeto a los tiempos personales, permisos amplios para cuidados.
Cómo identificar y transformar el pensamiento económico en tu organización
Paso 1: Audita tu modelo económico implícito
Propongo un ejercicio práctico que puedes hacer desde recursos humanos: analiza las últimas diez decisiones importantes tomadas en tu organización (contrataciones, despidos, cambios organizativos, inversiones en formación). Para cada una, pregúntate: ¿Qué concepción del ser humano y del trabajo está implícita aquí?
¿Se consideró a las personas como costes a minimizar o como talentos a desarrollar? ¿Se tuvieron en cuenta los impactos sociales o solo los financieros? ¿Se escucharon las voces de quienes serían afectados? Este ejercicio revelará el pensamiento económico real de tu organización, más allá de discursos oficiales.
Paso 2: Introduce métricas alternativas
Lo que no se mide, no se gestiona. Si solo medimos productividad, beneficio y crecimiento, estaremos perpetuando un modelo económico unidimensional. Propone incorporar indicadores como:
| Dimensión | Indicador | Cómo medirlo |
|---|---|---|
| Bienestar psicológico | Niveles de estrés, satisfacción, sentido | Encuestas validadas, entrevistas cualitativas |
| Equidad | Brecha salarial de género, ratio máximo/mínimo salario | Análisis de nóminas, auditorías externas |
| Democracia organizacional | Porcentaje de decisiones con participación, representatividad | Revisión de procesos, encuestas de percepción |
| Impacto social | Contribución a la comunidad, prácticas sostenibles | Balance del Bien Común, memorias de sostenibilidad |
| Estabilidad laboral | Tasa de temporalidad, rotación involuntaria | Datos de contratación y finalización |
Paso 3: Forma y sensibiliza en economía crítica
Una transformación real requiere comprensión colectiva. Organiza sesiones formativas donde se exploren diferentes corrientes de pensamiento económico y sus implicaciones para el trabajo. Invita a académicos, sindicalistas, representantes de empresas sociales. Genera espacios de debate genuino.
Desde mi experiencia, he visto cómo estas conversaciones despiertan conciencias. Muchas personas intuitivamente sienten que algo no funciona en el modelo actual, pero carecen del marco conceptual para articularlo. Proporcionarles ese marco es tremendamente empoderante.
Paso 4: Experimenta con modelos alternativos
No hace falta revolucionar toda la organización de golpe. Prueba experiencias piloto: un equipo que funcione con salarios más transparentes y equitativos; un proyecto donde las decisiones se tomen democráticamente; espacios donde se valoren contribuciones difíciles de cuantificar.
Documenta resultados, aprende, ajusta. La investigación-acción es una metodología poderosa para transformar organizaciones desde dentro, combinando rigor y pragmatismo.

El debate contemporáneo: ¿crecimiento infinito o decrecimiento sostenible?
No puedo terminar este recorrido sin mencionar una de las controversias más candentes del pensamiento económico actual: el debate entre crecimiento y decrecimiento.
La economía dominante asume que el crecimiento perpetuo del PIB es deseable y necesario. Sin embargo, movimientos académicos y sociales cuestionan radicalmente esta premisa. ¿Es posible un crecimiento infinito en un planeta finito? ¿Puede seguir aumentando la producción y el consumo sin colapso ecológico?
Economistas como Tim Jackson o Kate Raworth proponen modelos alternativos: la «economía de la rosquilla», que busca satisfacer las necesidades humanas sin superar los límites planetarios. Esto tiene implicaciones directas para el mundo laboral: ¿deberíamos trabajar menos para consumir menos? ¿Cómo organizamos el trabajo en una economía estacionaria o decrecentista?
Desde una perspectiva humanista de izquierdas, creo que debemos atrevernos a imaginar un trabajo desvinculado del crecimiento perpetuo. Un trabajo orientado al cuidado, a la cultura, a la comunidad, a la sostenibilidad. Un trabajo que tenga sentido, no solo productividad.
Esta no es una discusión meramente teórica. En España, la implementación de la jornada laboral de cuatro días en algunas empresas piloto (2022-2023) refleja este debate. Los resultados preliminares muestran mantenimiento o incluso aumento de productividad, con mejoras sustanciales en bienestar. Pero la resistencia empresarial persiste, anclada en modelos mentales que equiparan tiempo presencial con valor generado.
Conclusión: hacia un pensamiento económico al servicio de la vida
Hemos recorrido más de dos siglos de pensamiento económico, desde la mano invisible de Smith hasta las propuestas de economía feminista y del bien común. ¿Qué conclusiones podemos extraer?
Primero, que no existe «la economía», sino múltiples formas de pensar y organizar la producción, distribución y consumo. Las decisiones que tomamos en recursos humanos están siempre fundamentadas (consciente o inconscientemente) en alguna de estas corrientes.
Segundo, que el modelo neoliberal dominante está generando costes humanos y ecológicos insostenibles. Los datos sobre precariedad laboral, desigualdad creciente y malestar psicológico en el trabajo así lo demuestran. Como profesionales de las personas, tenemos la responsabilidad ética de cuestionar estos modelos.
Tercero, que existen alternativas viables, fundamentadas teóricamente y probadas empíricamente. Desde cooperativas hasta empresas certificadas en Economía del Bien Común, desde modelos de democracia económica hasta organizaciones teal o empresas B, el panorama es rico en experimentación.
Mi reflexión personal, tras quince años en este campo, es que estamos en un momento bisagra. La crisis climática, la crisis de cuidados, la crisis de sentido en el trabajo, todo converge exigiendo un cambio profundo en nuestro pensamiento económico. Las organizaciones que se aferren a modelos del siglo pasado no solo serán menos sostenibles: también tendrán más dificultades para atraer y retener talento comprometido.
Te invito a que te preguntes: ¿Qué pensamiento económico quiero promover desde mi posición? ¿Voy a reproducir acríticamente el modelo dominante o voy a atreverme a experimentar con alternativas más humanas, más justas, más sostenibles?
La transformación es posible. Empieza por comprender las ideas que han moldeado el presente, cuestionar lo que se presenta como inevitable, y atreverse a construir organizaciones donde la economía esté verdaderamente al servicio de la vida. Nuestro trabajo cotidiano en recursos humanos, con todas sus contradicciones y límites, puede ser un espacio de resistencia y transformación.
Porque al final, gestionar personas es una práctica profundamente política y económica. Y necesitamos urgentemente que sea también profundamente humana.
Referencias bibliográficas
International Labour Organization (2024). World Employment and Social Outlook: Trends 2024. ILO Publications.
Jackson, T. (2016). Prosperity without Growth: Foundations for the Economy of Tomorrow. Routledge.
Oxfam International (2017). An Economy for the 99%: It’s time to build a human economy that benefits everyone, not just the privileged few. Oxfam Policy Papers.
Pérez Orozco, A. (2014). Subversión feminista de la economía: Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida. Traficantes de Sueños.
Raworth, K. (2017). Doughnut Economics: Seven Ways to Think Like a 21st-Century Economist. Random House Business Books.
Felber, C. (2015). Change Everything: Creating an Economy for the Common Good. Zed Books.
Eurostat (2023). Labour Market Statistics. European Commission.
Ministerio de Trabajo y Economía Social (2023). Estrategia Española de Economía Social 2023-2027. Gobierno de España.
Standing, G. (2013). The Precariat: The New Dangerous Class. Bloomsbury Academic.
Peiró, J.M., Montañez-Juan, M.I., Sora, B., & Caballer, A. (2020). The importance of work characteristics affects job performance: The mediating role of individual dispositions on the work design-performance relationships. Social Science & Medicine, 257, 113049.


Deja una respuesta