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Índice de desarrollo humano: ¿Cómo se calcula?

¿Alguna vez te has preguntado por qué Noruega parece tenerlo todo mientras otros países luchan por lo básico? Spoiler: no es solo cuestión de vikingos con suerte y petróleo. La respuesta está en algo llamado Índice de Desarrollo Humano, y créeme, es mucho más fascinante (y revelador) de lo que su nombre técnico sugiere.

Vivimos en una era donde medimos absolutamente todo: los pasos que damos, las calorías que consumimos, el tiempo que pasamos mirando pantallas. Pero, ¿cómo medimos algo tan abstracto y fundamental como el bienestar de toda una sociedad? Aquí es donde entra en juego el IDH, una herramienta que desde 1990 ha cambiado radicalmente nuestra forma de entender el progreso de las naciones.

En este artículo vamos a desgranar cómo se calcula el Índice de Desarrollo Humano, qué nos dice realmente sobre España y sus comunidades autónomas, y por qué desde una perspectiva progresista y humanista este indicador supone una pequeña revolución en la forma de concebir la economía. Aprenderás no solo la mecánica del cálculo, sino también sus limitaciones, las controversias que genera y, sobre todo, cómo puede utilizarse para exigir políticas públicas más justas.

¿Qué es el Índice de Desarrollo Humano y por qué debería importarte?

El Índice de Desarrollo Humano es un indicador elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que mide el nivel de desarrollo de los países considerando tres dimensiones fundamentales: salud, educación y nivel de vida. Lo revolucionario de este enfoque, impulsado por el economista Amartya Sen y el paquistaní Mahbub ul Haq a finales de los años ochenta, fue poner a las personas en el centro de la ecuación económica.

Hasta entonces, el desarrollo se medía casi exclusivamente por el PIB per cápita. Un país era «rico» o «pobre» según la cantidad de dinero que generaba dividida entre sus habitantes. Pero, ¿de qué sirve tener un alto PIB si la población no puede acceder a sanidad, si los niños no van a la escuela, si la esperanza de vida es dramáticamente baja?

Las tres dimensiones del Índice de Desarrollo Humano: salud, educación e ingresos
Las tres dimensiones del Índice de Desarrollo Humano: salud, educación e ingresos. Imagen: UNDP

El enfoque de las capacidades: la filosofía detrás del número

Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, desarrolló lo que se conoce como el enfoque de las capacidades. Para Sen, el desarrollo no consiste en acumular riqueza, sino en expandir las libertades reales de las personas: la capacidad de vivir una vida larga y saludable, de acceder al conocimiento, de participar en la vida social y económica. El IDH es, en esencia, un intento de operacionalizar esta visión humanista del desarrollo.

Esta perspectiva tiene profundas implicaciones políticas. Si aceptamos que el desarrollo no es solo crecimiento económico, entonces las políticas públicas deben orientarse a garantizar capacidades básicas para toda la ciudadanía, independientemente de su posición social. Es, en el fondo, un argumento poderoso a favor del Estado del bienestar y de la redistribución de la riqueza.

España en el mapa del desarrollo humano

Según el último informe del PNUD publicado en mayo de 2025 con datos de 2023, España ocupa la posición 28 a nivel mundial con un IDH de 0,918, situándose en el grupo de países con desarrollo humano muy alto. Estamos entre Israel y la República Checa, una posición que refleja décadas de avances en sanidad pública, educación universal y mejora del nivel de vida.

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Sin embargo, los promedios nacionales esconden realidades muy dispares. El País Vasco, con un IDH de 0,948, se sitúa a la altura del puesto 12 mundial, comparable a países como Dinamarca o Alemania. En el otro extremo, Extremadura y Andalucía presentan valores significativamente más bajos, revelando las profundas desigualdades territoriales que atraviesan nuestro país.

¿Cómo se calcula el Índice de Desarrollo Humano paso a paso?

El cálculo del Índice de Desarrollo Humano puede parecer intimidante al principio, pero en realidad sigue una lógica bastante elegante. Básicamente, se trata de combinar tres índices parciales que miden diferentes dimensiones del bienestar humano.

Las tres dimensiones del desarrollo humano

1. Vida larga y saludable (Índice de Esperanza de Vida): Se mide mediante la esperanza de vida al nacer. El PNUD utiliza un valor mínimo de 20 años (basado en evidencia histórica de sociedades que apenas sobrevivían) y un máximo de 85 años como meta aspiracional. España destaca especialmente aquí, con una esperanza de vida de 83,9 años que nos sitúa en el octavo lugar mundial.

2. Acceso al conocimiento (Índice de Educación): Combina dos indicadores: los años promedio de escolarización de la población adulta mayor de 25 años y los años esperados de escolarización para los niños en edad escolar. España presenta un promedio de 17,8 años esperados de escolarización.

3. Nivel de vida digno (Índice de Ingresos): Se utiliza el Ingreso Nacional Bruto (INB) per cápita en dólares, ajustado por paridad de poder adquisitivo. Aquí se aplica una transformación logarítmica, reconociendo que el impacto del dinero adicional es decreciente: pasar de 1.000 a 2.000 dólares transforma vidas; pasar de 50.000 a 51.000 apenas se nota.

La fórmula matemática del IDH

Para cada dimensión, se calcula un índice normalizado utilizando la fórmula:

Índice = (Valor real − Valor mínimo) / (Valor máximo − Valor mínimo)

El resultado final del Índice de Desarrollo Humano es la media geométrica de los tres índices parciales. Desde 2010, el PNUD utiliza la media geométrica en lugar de la aritmética, lo que penaliza los desequilibrios entre dimensiones: un país no puede compensar una educación desastrosa simplemente teniendo mucho dinero.

Clasificación de países según el IDH

CategoríaValor del IDH
Desarrollo humano muy alto≥ 0,800
Desarrollo humano alto0,700 − 0,799
Desarrollo humano medio0,550 − 0,699
Desarrollo humano bajo< 0,550

Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

Mapa de las regiones de España: desigualdad y desarrollo
Mapa de las regiones de España: desigualdad y desarrollo. Imagen: Research Gate

Las limitaciones del IDH: lo que el número no cuenta

Sería ingenuo pensar que un solo número puede capturar toda la complejidad del bienestar humano. El propio PNUD reconoce las limitaciones del Índice de Desarrollo Humano, y desde una perspectiva crítica es fundamental señalarlas.

El problema de la desigualdad invisible

La crítica más potente al IDH es que no mide la desigualdad interna de los países. Dos naciones pueden tener el mismo IDH pero realidades sociales completamente distintas. Un país con una clase alta opulenta y una mayoría empobrecida podría arrojar el mismo resultado que otro con una distribución más equitativa.

Por eso, desde 2010, el PNUD publica también el IDH ajustado por desigualdad (IDH-D), que descuenta las pérdidas en desarrollo humano derivadas de la desigualdad en cada dimensión. Los resultados son reveladores: algunos países caen dramáticamente en el ranking cuando se aplica este ajuste. España, por ejemplo, mantiene una posición relativamente estable, lo que habla bien de nuestro sistema redistributivo, aunque no estemos exentos de problemas.

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Lo que el IDH no mide

El índice presenta otras ausencias notables:

  • Libertades políticas y derechos humanos: Un régimen autoritario puede tener un IDH alto si proporciona educación y sanidad.
  • Sostenibilidad ambiental: El desarrollo que destruye el planeta no es verdadero desarrollo. Desde 2020, el PNUD incluye un IDH ajustado por presiones planetarias.
  • Bienestar subjetivo: No captura la felicidad percibida ni la satisfacción vital de las personas.
  • Desigualdad de género: Aunque existe un Índice de Desigualdad de Género separado, el IDH básico no lo contempla.

El IDH en España: desigualdades territoriales que importan

Si bajamos la lupa al territorio español, el Índice de Desarrollo Humano revela fracturas que a menudo pasan desapercibidas en los debates políticos. Las diferencias entre comunidades autónomas no son pequeñas matizaciones estadísticas; representan oportunidades vitales muy distintas para quienes nacen en uno u otro lugar.

La brecha norte-sur persiste

Los datos del Instituto Vasco de Estadística (EUSTAT) y otras fuentes revelan un patrón persistente: las comunidades del norte y noreste tienden a presentar valores más altos que las del sur. El País Vasco (0,948), la Comunidad de Madrid (0,919) y Navarra (0,918) lideran el ranking, mientras que Andalucía y Extremadura ocupan los últimos puestos.

Esta no es una cuestión menor. Según el 15º Informe sobre el Estado de la Pobreza publicado por EAPN-ES en 2025, la tasa AROPE (At Risk of Poverty or Exclusion) oscila entre el 15,5% de Euskadi y el 37,5% de Andalucía, una diferencia de más de 20 puntos porcentuales. El código postal sigue determinando, en buena medida, las oportunidades de vida.

Caso de estudio: la paradoja española

España presenta una paradoja interesante para quienes estudian el desarrollo humano. Nuestro país destaca especialmente en esperanza de vida (octavo puesto mundial), gracias a un sistema sanitario público que, pese a sus problemas, sigue siendo uno de los más efectivos del mundo. La dieta mediterránea y ciertos factores socioculturales también contribuyen.

Sin embargo, arrastramos déficits importantes en otros ámbitos: la tasa de paro juvenil sigue siendo una de las más altas de Europa, el acceso a la vivienda se ha convertido en un problema estructural que afecta especialmente a las generaciones más jóvenes, y la baja natalidad combinada con el envejecimiento poblacional plantea serios desafíos para la sostenibilidad del Estado del bienestar.

Cómo identificar si tu territorio tiene un problema de desarrollo humano

Más allá de los grandes números nacionales, ¿cómo podemos utilizar el marco del Índice de Desarrollo Humano para analizar nuestro entorno más cercano? Aquí van algunas señales de alerta y herramientas prácticas.

Señales de alerta en tu comunidad

  • En salud: Listas de espera excesivas, dificultad para acceder a especialistas, hospitales de referencia a gran distancia, diferencias significativas en esperanza de vida entre barrios.
  • En educación: Tasas elevadas de abandono escolar temprano, escasez de oferta formativa profesional, poca penetración universitaria, brecha digital persistente.
  • En nivel de vida: Desempleo estructural, dependencia de sectores precarios, emigración juvenil, dificultad para acceder a servicios básicos.

Herramientas para exigir políticas de desarrollo

El conocimiento del IDH y sus componentes puede convertirse en una herramienta de incidencia política:

  1. Consulta los datos: Los informes del PNUD están disponibles públicamente. EUSTAT publica el IDH del País Vasco. Busca si tu comunidad tiene datos similares.
  2. Compara con el entorno: ¿Tu comunidad está por debajo de la media nacional? ¿La brecha se agranda o se reduce con el tiempo?
  3. Identifica el cuello de botella: ¿El problema está en salud, educación o ingresos? Las políticas necesarias serán diferentes según la dimensión más deficitaria.
  4. Exige transparencia: Los ayuntamientos y gobiernos autonómicos deberían publicar indicadores de desarrollo humano desagregados por territorio.
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Amartya Sen, economista y Premio Nobel
Amartya Sen, economista y Premio Nobel. Imagen: Virginia Tech

Conclusión: hacia un desarrollo que ponga las personas en el centro

Hemos recorrido un largo camino desde la pregunta inicial sobre cómo se calcula el Índice de Desarrollo Humano. Hemos visto que detrás de la fórmula matemática hay una filosofía profundamente humanista: la idea de que el desarrollo no puede medirse solo en euros o dólares, sino en vidas dignas, en conocimiento accesible, en años vividos con salud.

El IDH tiene limitaciones, sin duda. No captura la desigualdad interna, no mide la sostenibilidad ambiental ni los derechos políticos. Pero incluso con sus imperfecciones, representa un avance fundamental respecto a la visión puramente economicista del progreso. Y eso, desde una perspectiva de izquierdas, es algo que debemos celebrar y defender.

El informe del PNUD 2023/2024 nos advierte de que el desarrollo humano global se está ralentizando, que las desigualdades entre países ricos y pobres vuelven a crecer tras décadas de convergencia. En España, aunque mantenemos posiciones altas, las fracturas territoriales y generacionales amenazan la cohesión social.

Mi reflexión personal es que necesitamos recuperar la ambición transformadora que el concepto de desarrollo humano lleva implícita. No basta con mantener el IDH; hay que redistribuir las capacidades, democratizar las oportunidades, garantizar que el código postal no determine el destino vital. Eso requiere políticas públicas valientes: inversión en sanidad y educación públicas, fiscalidad progresiva, políticas de vivienda que pongan freno a la especulación, transición ecológica justa.

El Índice de Desarrollo Humano nos ofrece una brújula. Depende de nosotros, como ciudadanía activa, exigir que nuestros gobiernos la sigan.

Referencias bibliográficas

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Sen, A. (2000). Desarrollo y libertad. Barcelona: Editorial Planeta.

EUSTAT (2025). La C.A. de Euskadi se posiciona a la altura del puesto 12 en la clasificación mundial del IDH 2025. Vitoria-Gasteiz: Instituto Vasco de Estadística. Disponible en: eustat.eus

EAPN-ES (2025). 15º Informe sobre el Estado de la Pobreza: Pobreza y territorio. Madrid: Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español. Disponible en: eapn.es

Nussbaum, M. y Sen, A. (Eds.) (1993). The Quality of Life. Oxford: Clarendon Press.

Fundación Alternativas (2024). VI Informe sobre la Desigualdad en España 2024. Madrid: Fundación Alternativas. Disponible en: fundacionalternativas.org

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Mancero, X. (2001). La medición del desarrollo humano: elementos de un debate. Serie Estudios estadísticos y prospectivos. Santiago de Chile: CEPAL.

Dubois, A. (2006). Un concepto de desarrollo para el siglo XXI. Bilbao: Cátedra UNESCO de la Universidad del País Vasco.

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