El mercado no quiere profesionales que “sólo aciertan”

Según la profesora Mireia Las Heras del IESE Business School, los errores técnicos pueden hacer mucho bien a nuestra carrera profesional.

Por vanidad o el miedo al castigo, muchos profesionales evitan a toda costa cualquier tipo de error — y, cuando finalmente cometen alguno, hacen todo lo posible para ocultarlo o reducirlo al mínimo. Sin darse cuenta, están saboteando su propio éxito.

Esto porque quien tiene una relación conflictiva con sus propias faltas corre el riesgo de tener un aprendizaje limitado y no crecer en su ámbito profesional, alerta la profesora española Mireia Las Heras, del IESE Business School.

En entrevista exclusiva, nos explica los errores que pueden ser importantes puntos de inflexión en la trayectoria de un profesional.

Siempre que sea técnico, y no ético, dice la profesora, el error es una oportunidad de reorganizar tus patrones de comportamiento. Cuando el “tropiezo” genera reflexiones, seguramente resultará en el desarrollo o la mejora de nuevas habilidades.

Según de Las Heras, el mercado de trabajo prefiere a un profesional capaz de afrontar este proceso con serenidad. “Si sabes justificar por qué ha sucedido ese determinado error, has aprendido de él, serás visto, sin duda, como un empleado valioso de la empresas”, dice ella.

¿Y qué decir del profesional que siempre acierta? Tal vez sea muy hábil — o, más probablemente, no experimenta nada nuevo. El resultado de esta “prudencia” es el bloqueo de la propia creatividad y la incapacidad de generar innovación.

Ve a continuación los principales fragmentos de la conversación con la profesora del IESE Business School sobre el tema:

¿Cometer errores siempre hace mal para la carrera?

Mireia Las Heras — No. Siempre que sea de naturaleza técnica, y no ética, la falta promueve el aprendizaje. Puede conllevar el éxito y, más tarde, estarás delante de un empleo en donde podrás aplicar esa lección aprendida del error.

Equivocarse es bueno porque te verás en situaciones en las que tu lógica cotidiana no funciona; así, debes de ser capaz de reflejar, extraer información, analizar los motivos del error. Después necesitas utilizar esta información en tus próximos retos.

¿Cuál es la mejor forma de hablar sobre nuestros errores profesionales?

En una entrevista de trabajo, por ejemplo, habla de tus errores del pasado sin dejar de explicar lo que has aprendido con ellos. Si sabes justificar por qué te decantaste por correr determinado riesgo, y lo que has aprendido con el error resultante de ese riesgo, serás visto como alguien más valioso para las empresas.

Los errores son una consecuencia del riesgo. Imagina a una persona que va a esquiar, por ejemplo. Si ella no se nunca, hay dos posibilidades. La primera, la más rara, es que sea muy buena en eso. La otra hipótesis es que ella no se mueve por zonas donde se siente inseguro y entonces, por supuesto, no llegará a ningún lado ni mejorará sus habilidades. ¿Esto quiere decir que es un genio en el esquí? No, sólo quiere decir que no se está arriesgando lo suficiente.

En el mundo del trabajo también es así. Una persona que no se equivoca nunca tal vez sepa mucho, y está bien; pero cabe la otra posibilidad, que es más probable, y es que no esté experimentando nada nuevo.

¿Por qué los profesionales se arriesgan tan poco?

El problema es que, cuando un profesional se equivoca, por lo general “cortan el cuello”, por lo que él o ella no se pueden equivocar una segunda vez. A nadie le gusta ser penalizado. La única forma de evitar el castigo es evitar el error, o sea, evitar el riesgo.

El problema es que la innovación supone que hagas experimentos, y no todos van a funcionar. Hacer prototipos, pruebas, todo esto tiene un coste que no puede generar ningún beneficio. La mayoría de las empresas no quiere eso.

Sucede que la innovación que ellas buscan muchas veces está dentro de la casa. Hay empleados capaces de generar nuevas soluciones y productos, pero prefieren no hacerlo porque no se quieren arriesgar. Mucha gente talentosa prefiere no decir, no hacer, para no tener la posibilidad de errar.

¿Los aciertos son siempre deliberados o hay algo de suerte?

Hay éxitos que atribuimos a nuestro propio talento, pero que se derivan de los cambios externos. Imagina, por ejemplo, que tengo una empresa que produce aguacates en los Estados Unidos. No es lo ideal, porque los costos allí son mucho mayores que en México, por ejemplo. Pero, si hay un cambio coyuntural, en el que se prohíbe la importación de aguacates en los Estados Unidos, entonces tendré un éxito rotundo. No es porque yo sea un genio de los negocios, sino que el entorno ha cambiado y ha terminado por beneficiarme y beneficiar a mi carrera profesional.

Las condiciones externas han cambiado radicalmente, y el año del 2016 fue prueba de ello. Sucedieron muchas cosas que “no podían” suceder. Donald Trump fue elegido. El Brexit se convirtió en realidad. Todos esto elementos externos, que no podemos controlar, tienen efectos sobre nuestras posibilidades de éxito o fracaso.

¿En este entorno de cambios e incertidumbres, hay más tolerancia con los errores?

Depende del tipo de error. Hay errores técnicos, errores de cálculo. Pueden ser errores tácticos o estratégicos vinculados a la visión de negocios. Puedes pensar que el mercado va a evolucionar en una dirección determinada, y se va en la otra. Este tipo de engaño muchas veces es sólo el resultado de este entorno incierto en el que vivimos.

Profesionales para todo

Profesionales para todo

Otra cosa muy diferente es una falta de ética, esto es, un acto de mala fe que se realice en beneficio propio, a pesar de saber que puede perjudicar a otras personas. Este tipo de error no es accidental, no tiene justificación y nunca tendrá un efecto positivo en nuestra carrera.

¿Cuál es el secreto para transformar un error en aprendizaje?

Haz una reflexión sobre lo que sucedió, este es el paso principal. Muchas veces, no serás capaz de hacerlo solo, esto es, debes estar acompañado de otra persona, que no esté involucrada en todo lo que sucedió.

Sin embargo, para que esto funcione, es obligatorio tener la voluntad de cambiar. Aprender algo significa cambiar el modo de hacer algo, cambiar tu forma de pensar (y esto, en ocasiones, puede ser muy difícil). Significa incorporar una nueva información o experiencia en su próxima acción, esto es, ejecutarla de manera diferente a la que estás acostumbrado. Quien no está dispuesto a hacer este movimiento nunca va a aprender de los propios errores.

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