Cuando las empresas compran sus propias acciones

Las finanzas, como cualquier cosa en la vida, están sujetas a la moda. Una de las más notables en los últimos años ha sido el enorme crecimiento de las recompras de acciones, que se presentan cuando una empresa compra sus propios títulos. Lejos de ser una esotérica práctica financiera, como asumen muchos, en realidad es algo que puede afectar de forma importante a los inversionistas.

De entrada, suena raro que una empresa compre sus propias acciones, ya que generalmente estamos acostumbrados a que vendan acciones para financiar sus proyectos de expansión. Pero en la práctica, la recompra es un medio para tratar de apuntalar el precio de mercado de las acciones de una empresa y no para “achicarla“.

Antes de ver cómo funciona, es necesario tomar en cuenta que en las empresas los recursos excedentes (las utilidades que quedan después de cubrir los pagos de deuda y los requerimientos de inversión), tradicionalmente se han manejado dos opciones para disponer de ellos.

En primer lugar, los accionistas pueden decidir reinvertir esos recursos para expandir las operaciones de la empresa. Esto es aconsejable cuando el retorno esperado de estas inversiones adicionales es mayor al que podrían obtener los socios de la empresa con otras alternativas para su dinero.

En segundo lugar, se puede decidir regresar esos recursos a los socios de la empresa decretando el pago de un dividendo. Lo anterior sucede cuando los accionistas consideran que hay mejores opciones para invertir su dinero. Esto no es negativo. Simplemente refleja que la empresa es muy madura y no es factible crecer a un ritmo acelerado.

La tercera opción es la recompra de sus acciones. Cuando se emplean los recursos excedentes para este fin, es claro que se considera que no vale la pena expandir más a la empresa reinvirtiendo ese dinero. En esta situación, tradicionalmente se ha recurrido a los dividendos. Sin embargo, la diferencia crucial entre éstos y la recompra está en que los accionistas consideran que la capacidad de la empresa para generar utilidades en el futuro con su planta actual está subvaluada por el mercado y, por ende, vale más la pena que otras alternativas de inversión.

Empresas que compran sus propias acciones

Empresas que compran sus propias acciones

Las recompras ayudan a corregir esta subvaluación por dos vías.

Por un lado, la demanda adicional por las acciones tiende a impulsar su precio. Por el otro, al retirar acciones de circulación, las utilidades por acción suben para los inversionistas que no vendieron su tenencia, lo cual se reflejará en un mayor precio. En otras palabras, el tamaño del pastel -el valor de la empresa- no cambia, pero el tamaño de las rebanadas -la participación en el capital de cada inversionista- aumenta.

De hecho, muchas investigaciones académicas han demostrado que además de estos efectos, las acciones de empresas que llevan a cabo recompras se benefician por la señal que envían: que quienes conocen más a la empresa consideran que la acción está subvaluada. No obstante, hasta ahora la evidencia sobre el impacto sobre los precios de los valores en el largo plazo es un tanto mixta.

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