Características del líder

Los altos ejecutivos típicos de los años setenta, números uno de su promoción, han quedado completamente obsoletos. En los años 60 y 70 entró en España una corriente de opinión sobre el nuevo retrato-robot de los altos ejecutivos de nuestras empresas. Eran personas con mucho carisma y los números 1 de su promoción. Estaban situados en una cúpula y, desde fuera, daban órdenes sobre la marcha de la empresa. Se dedicaban a implantar, distribuir y controlar los aspectos de sus organizaciones de una manera fría y casi autómata. La individualidad era su lema. El líder estaba en el centro, controlando todos los movimientos de la empresa. Eran devoradores de horas de trabajo. Cuantas más, mejor. Su agresividad era tal que no les importaba destruir cualquier obstáculo que se les pusiera en el camino. De esta forma, su responsabilidad era excesiva. Si fallaba él, toda la empresa se venía abajo. Tal vez ésta haya sido la razón de que en estos años muchas organizaciones que surgieron rápidamente de la nada se hayan hundido a la misma velocidad. Al líder de los años setenta le importaba muy poco lo que pensaran los demás y se regía por el lema: “tú haces, pero no me importas“. Era el tipo duro al que muchos en Norteamérica bautizaron como el “vaquero de los negocios“. Hoy os hablamos de las características del líder en la empresa actual.

Características del líder de la empresa

Características del líder de la empresa

¿Qué características debe tener un buen líder?

En los noventa, las cosas empezaron a cambiar y este tipo de ejecutivos ha quedado completamente obsoleto, aunque algunos románticos aún lo recuerdan con nostalgia (nótese la ironía desde la que escribo). En las siguientes líneas se ofrece un decálogo sobre las características del líder y sobre su forma de actuar:

  • Para llevar la organización de una empresa, el líder tiene que saber que ésta es un organismo activo compuesto por personas. Así, la empresa nunca puede funcionar como una máquina perfecta, ni de una manera matemática. Por esta razón, más que el correcto manejo de la teoría, el alto ejecutivo está obligado a saber gestionar las relaciones.
  • El nuevo líder debe ser capaz de leer correctamente su entorno (que cada día es mucho más complejo y cuyos mecanismos se transforman a una gran velocidad), observar lo que está pasando y actuar en consecuencia.
  • Tiene que ser capaz de trabajar constantemente con los demás, hasta tal punto que debe fomentar la colaboración como una de las grandes claves para el éxito de la empresa.
  • El líder debe ser, ante todo, muy abierto a las posibles mejoras de su organización y al constante desarrollo de sí mismo y de los demás. Ha de ser muy sensible a cómo lo perciben las demás personas: sus clientes, sus seguidores y sus compañeros. Tiene que ser un “trabajador del conocimiento” o, lo que es lo mismo, tiene que saber qué es lo que demandan sus clientes.
  • Otra característica muy importante es la flexibilidad. Debe conocer las actitudes, los estilos de las demás personas que integran la empresa y, sobre todo, saber el impacto que causa en la gente que le rodea.
  • El líder no es la única parte del proceso que es imprescindible. Tiene que tener seguidores. Un líder no se puede llamar tal si no tiene alguien que le siga. De no ser así, no puede funcionar porque no será capaz de atraer ni estimular adecuadamente a sus subordinados. Estos últimos también tienen que influir en el líder.
  • Si el líder quiere lograr la mayor efectividad posible, necesita conocer sus puntos fuertes -para aprovecharlos- y sus puntos débiles -para minimizarlos-. Los puntos débiles nunca los podrá eliminar, pero sí se podrá rodear de gente capaz formando equipos competentes.
  • El líder ya no es (sólo) el que se sitúa encima de la cúpula. Existen tantos líderes -o incluso más- como niveles tiene la organización. Cada uno de ellos tiene que tener un papel diferenciado. Cada cual debe gestionar su propio trabajo, ya que el “pequeño líder” tiene una mejor visión sobre el área en el que está trabajando. El liderazgo se basa más en la influencia que en el mando. Además, el líder ya no se sitúa en el centro: forma un equipo y él se convierte en el entrenador que influye sobre el mismo.
  • En la actualidad, los trabajadores de la empresa son más autónomos, piensan por sí mismos, tienen mucha más libertad de acción. En este sentido, la función del líder será apoyar a su gente y estimularla para facilitar que pueda desarrollarse y hagan correctamente su trabajo.
  • Cuanto mayor número de personas tomen una parte de la responsabilidad en una empresa, mejor se realizarán las diferentes tareas. Hoy en día, la complejidad es tal que ninguna persona podría dirigir todo el conjunto de una organización.
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