5 mentiras que los jefes novatos se creen

Es natural que surjan dudas y angustias en la cabeza del joven director. Pero un detalle cambia todo: una porción generosa de estos miedos es completamente infundada. Recibir un cargo de dirección es como que te regalen una caja de herramientas que no sabes para qué sirven…

En el difícil proceso de adaptación a esta nueva forma de actuación — en el que, por primera vez, el desafío es lograr resultados con base en el trabajo ajeno, y no en el propio — es natural que el joven administrador se encuentre con muchas dudas y angustias.

Pero hay un detalle que lo cambia todo: una porción generosa de estos miedos es completamente falso e infundado.

De acuerdo con Jill Geisler, profesora en la Universidad de Loyola de Chicago y autora del libro “Cómo convertirse en un buen jefe”, la minoría de los jefes debutantes cuenta con capacitaciones profesionales. Por regla general, tienen que aprender casi todo solos y pueden ser engañados con falsas concepciones sobre lo que significa ser un líder.

Hay que a esto la precocidad de un número cada vez mayor de gestores, afirma Eduardo Ramírez, consultor y autor del libro “Sea la persona correcta en el lugar correcto”. “En el pasado, el profesional tardaba mucho tiempo hasta llegar a una silla de gestión”, explica. “Hoy en día, los ciclos de la ascensión jerárquica se han acelerado, y mucha gente llega al cargo de forma prematura”.

Errores de jefes novatos ambiciosos

Errores de jefes novatos ambiciosos

Con poca orientación y mucha inexperiencia, los jóvenes jefes son presa fácil de malentendidos. A continuación, 5 de los más comunes:

1. Usted tiene que ser “duro” para ser tomado en serio

En un intento de ganarse el respeto del equipo y de la empresa de forma general, muchos gestores jóvenes visten una máscara de frialdad y autoritarismo. No funciona: además de ser una forma antipática de debutar en el cargo, usted nunca será verdaderamente reconocido como líder.

La mejor forma de ganar credibilidad es demostrar humildad y apertura para aprender de su nueva función sin desconfiar automáticamente de los que hasta ahora eran sus compañeros. “El joven jefe tiene que esforzarse para conocer a su equipo, sin prejuicios”, dice Geisler.

2. Usted sólo tiene los primeros 90 días para mostrar su capacidad

Otro mito común es creer que, en caso de que usted no pueda demostrar que es un buen gestor en los tres primeros meses de su cargo, será sustituido por otra persona más competente. De acuerdo con Ferraz, no hay tanta urgencia para mostrar sus capacidades como gestor, aunque el primer año en el cargo es de hecho muy importante.

“La idea de que será ‘todo o nada’ en los primeros 90 días pone una presión innecesaria sobre los hombros del profesional”, afirma el consultor. Irónicamente, esta ansiedad puede afectar al rendimiento y generar las temidas críticas y malas evaluaciones.

3. Usted necesita tener todas las respuestas para demostrar que merece el cargo

La idea de que el líder debe ser una especie de “sabelotodo” ya fue superada hace tiempo. Un jefe novato no se gana la confianza de los demás al tener todas las respuestas: en el fondo, sólo se conquista la simpatía y credibilidad en la búsqueda de consejos entre los propios subordinados.

“Es importante saber qué situaciones requieren una respuesta definitiva del líder, y que pueden beneficiarse de la colaboración de todo el grupo”, explica Geisler.

4. Es mejor alejarse de los viejos amigos

No es fácil lidiar con la presencia de antiguos compañeros de trabajo entre el nuevo grupo de responsables. De cualquier modo, cerrarse a ellos no es la mejor respuesta.

Lo ideal es seguir siendo amable con todos. “Muestra interés y preocupación por el bienestar de ellos al mismo tiempo en que usted deja en claro que espera que sean profesionales responsables”, afirma Geisler. “Es posible exigir compromiso sin dejar de ser humano”.

5. Es preciso supervisar todo

Un error clásico de nuevos jefes es el microgerenciamento, esto es, el hábito de acompañar cada una de las tareas de liderazgo con minuciosidad exagerada.

Según Ferraz, es preciso entender que el jefe debe mirar hacia el “bosque”, y no hacia el “árbol”. En otras palabras, administrar significa entender el todo, establecer prioridades y delegar tareas de forma estratégica. “Además, es preciso entender el peso de cada tarea y la necesidad de cada liderado a la hora de dosificar la supervisión”, completa el experto.

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