3 hábitos machistas comunes en el trabajo

Os hablamos de tres hábitos machistas comunes en el trabajo (y cómo luchar contra ellos). En un tono divertido, experta enseña cómo identificar y desactivar los comportamientos sexistas comunes en el mundo profesional.

Septiembre ha sido un mes completo para Jessica Bennett. La divulgación de su nuevo libro, Feminist Fight Club: An Office Survival Manual for a Sexist Workplace, va a todo trapo y ya ha recibido muy buenas críticas. Sheryl Sandberg, COO de Facebook y autora del best-seller Vayamos Adelante (CONECTA), que se convirtió en un movimiento en pro de la protagonista femenina, califica la obra como “divertidísima y práctica, llena de herramientas sencillas para luchar contra el sexismo en el mundo del trabajo”.

En los fragmentos del libro publicados por Quartz, Bennett habla sobre situaciones cotidianas que enfrentan las mujeres y enseña lo que hay que hacer para darle la vuelta al tablero de juego. ¿Una de las mejores sugerencias? Sea usted mismo(a). Al escuchar una idea legal de una colega, haga su apoyo público: menee la cabeza, resuma en voz alta, de palmas. Todo cuenta.

Ejecutiva: investigadores constataron que los hombres interrumpen las mujeres con frecuencia en reuniones de trabajo

Ejecutiva: investigadores constataron que los hombres interrumpen las mujeres con frecuencia en reuniones de trabajo

A continuación podrás ver algunas de las situaciones citadas por la autora.

Hábito 1: Asumir que la mujer es secretaria

No hay nada de malo en trabajar como secretaria, pero es sexista tratar a una mujer como una secretaria cuando este no es su cargo. Hombres que preguntan si ellas no van a tomar notas en una reunión o piden un café para tomar con el cliente, por ejemplo, son parte del problema.

¿Qué hacer? Hombres: no asuman que la mujer está allí porque forma parte del decorado de la oficina, o la traten como tal cuando ese no es su puesto. Sepan lo que hace antes de eso. Mujeres: puede ser difícil o parecer grosero decir “no” (porque muchas veces el reflejo es que algunas mujeres se ofrecen para hacer estas tareas), pero resistentes.

Hábito 2: Apropiarse de las ideas de la mujer

Presentar o cosechar los laureles de la idea ajena y no corregir cuando alguien le acredita algo por error: hay hombres que hacen esto a propósito. Es una realidad conveniente para un hombre, ya que históricamente se asume que el dueño de las ideas es él.

¿Qué hacer? Mujeres: hablen alto, sin miedo de usar palabras afirmativas y eviten construcciones como “Pero te sugiero que…” y “¿qué pasaría si…”. Si es posible, encontrar un “amigo de reunión” (hombre o mujer), que va a estar atento cuando ustedes hablan y actuará como su soporte. También es posible pescar el crédito de vuelta al decir “Gracias por seguir mi idea” o “Eso mismo, me alegro de que usted esté de acuerdo”. Si la idea es increíble, la autora sugiere mantener un expediente de evidencias, un resumen de lo que se trata y copiarlo a quien crea necesario en el correo electrónico.

Hábito 3: Interrumpir a la mujer

Los investigadores que han acompañado a reuniones en diversas empresas constataron que, en esas ocasiones, los hombres suelen hablar más que las mujeres y las interrumpen con más frecuencia (el doble de veces, en caso de que estén hablando). En la jerga del feminismo norteamericano, esta mayor tendencia a interrumpir su interlocutora ya ha ganado hasta un nombre propio: manterrupting.

¿Qué hacer? Mujeres: Ante esta situación, mantengan su territorio diciendo algo como “No había terminado mi punto, dame un segundo más”, garanticen su espacio personal en la mesa y colóquense cerca de donde las decisiones están realmente siendo adoptadas (cuanto antes se llega, más garantía de un buen lugar). Utilizar el lenguaje corporal de forma afirmativa, manteniendo siempre contacto visual con los demás, también es una buena idea. Hombres y mujeres: cuando vean a alguien en esta situación, dense cuenta de que pueden ir a su ayuda interrumpiendo a quien interrumpió y devolviendo la palabra a la compañera de manera directa (“Espera, deja que ella termine”) o sutil (“Ana, ¿cuál es su opinión?, ¿Qué piensa usted al respecto?”).

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